Ha llegado carta

Todos los días de su corta vida Jacinta había recibido unas misteriosas cartas que le revelaban todo lo que le ocurriría al día siguiente. Ella nunca había sabido quién mandaba estas cartas ni por qué, pero se resignaba a ellas, hasta que comenzó a sentirse ofuscada, se dio cuenta que alguien la controlaba a través de las cartas, y trato de burlarlas, aunque no dio resultado ya que por más que lo intentara, los acontecimientos narrados en las cartas ocurrían igualmente. Ella era prisionera de su destino, no podía escapar.

Un día, ya harta de esta situación, Jacinta decidió encontrar al remitente de las cartas para que la dejara en paz de una vez. En la oficina postal le dieron una dirección, y sin saber con quién o con qué se encontraría, Jacinta se dirigió hacia allí. La dirección la llevó a una casa alejada del resto de la ciudad que estaba tan solitaria que parecía abandonada.

tumblr_m9hx2nT1HS1r1ejhno1_500Por un segundo la ansiedad invadió a Jacinta, y pensamientos como “¿Si vuelvo a casa y sigo viviendo cómodamente? Podría olvidar todo lo que ha sucedido” cruzaron por su mente, pero luego recordó esas espantosas cartas de las que no se podía librar, por lo que decidió continuar y enfrentar su destino.

Dentro de la casa había un olor putrefacto y todo estaba lleno de polvo, nadie limpiaba el lugar en décadas. Al principio Jacinta creyó que estaba vacío, pero luego se dio cuenta que, sentada en un sucio escritorio en una esquina, se encontraba una anciana que escribía una carta. Jacinta se acercó a ella intentando no llamar su atención, pero la anciana se dio cuenta de su presencia y se dio vuelta para mirarla. Algo familiar había en ella, pero no sabía qué.

“Hola Jacinta” La saludó “Te estaba esperando”.

Jacinta entró en pánico, ¿Cómo podía ser que esta mujer la conociera? ¿Qué podía hacer ahora? Quería escapar de allí, pero no sabía cómo. Mientras pensaba en esto, sus ojos se posaron sobre un revólver que había en el polvoriento mesón junto a ella. La única salida que veía era asesinar a la anciana para ser libre de una vez. Al principio se horrorizó siquiera de pensar en aquella opción, pero luego se dio cuenta que su deseo de libertad era más fuerte, y apretó el gatillo.

La anciana cayó, y con ella, su última carta. Jacinta se acercó temblorosa y la leyó.


“Nunca fuiste prisionera de tu destino, tú fuiste tu única carcelera, Atentamente: Jacinta.”

Jacinta, llena de angustia y desesperación, se dio cuenta de que aquella mujer era ella mima.letter-bw2

Sin saber qué más hacer, Jacinta se sentó en el sucio escritorio, tomó el lápiz y comenzó a escribir.

#Aedea

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