El secuestro…

Me desperté y lo primero que vi fue una pieza negra, donde solo entraba luz por el hueco de la puerta, la cual estaba completamente vacía, mi primera reacción fue asustarme, a tal punto de no poder respirar, pero luego pensé que era un sueño, hasta que recordé…

Estaba volviendo del colegio y de repente sentí que me seguían, pero pensé que era pura paranoia mía. Después entendí que sí era verdad, me estaban persiguiendo. Disimuladamente miré para atrás para ver quién o quiénes eran mis perseguidores, lo poco que alcance a ver, fue que eran dos hombres que usaban un traje elegante. Empecé a correr como si mi vida dependiera de ello, estaba por llegar a mi casa, cuando siento dos brazos alrededor mío y sentí como me ponían un pañuelo en la boca y después todo fue negro.

No podía creerlo, me habían raptado, pero ¿por qué? Yo venía de una familia respetable, sí, teníamos dinero pero esa no era razón para secuestrarme, y si ¿hubiera sido porque fui una mala hija? No, era imposible yo era disciplinada y responsable, lo único malo que había hecho en toda mi vida fue mentirle una vez a mis padres. Esto era demasiado para mí.

Llevaba aquí alrededor de tres días, en los cuales no había comido, e incluso no había dormido por el susto, estaba por perder la esperanza cuando escuché un ruido proveniente de la puerta. Cuando esta se abrió no lo pensé dos veces y me tiré a mi contrincante, yo sí se algo de defensa personal, porque mi padre me obligó a que tomara hace unos años atrás un curso completo de karate, en caso que lo necesitara alguna vez, tal vez él sabía que esto podía pasar y me preparó. Le destroce la cara a golpes, y cuando le estaba ganando alguien me agarró por detrás y me tiró contra la pared produciéndome un golpe en la cabeza. Me quedé en el piso media inconsciente pero igual alcancé a oír una voz decir:

  • ¡Niña tonta si no fuera porque el jefe lo dice ya estarías muerta!

Posteriormente a eso, sentí una y otra patada en el estómago, ya que no les había bastado con golpearme una vez, sino que tenían que hacerlo como cuatro veces más, y cuando ya me pegaron el quinto golpe, me desmayé.

Desperté luego de como tres días, con un dolor en la cabeza indescriptible, junto con un sabor a sangre en la boca, que era asqueroso. Me puse a llorar a mares, me sentía sola y abandonada. Tengo que admitir que me dolía todo el cuerpo, yo creo que casi me mataron. Y de repente, se abre la puerta demasiado rápido para mi gusto y me dejan un pan con un vaso de agua, no lo pensé ni un segundo y ya estaba comiéndomelo.

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Al pasar los días, ya me iba mejorando del encuentro cercano con la muerte, y, de hecho, había empezado a hacer abdominales para estar lista por si acaso se presentaba la oportunidad de escapar, pero no podía evitar pensar lo débil que estaba y el como necesitaba fuerzas para lo que se venía. Habían pasado alrededor de dos meses y los días cada vez se hacían más largos y tristes, estaba harta de aquel lugar y ya había perdido la esperanza de que alguien viniera a rescatarme, y eso era lo que más me daba pena, ¿qué nadie estaba preocupado por mí? Fuera lo que fuera decidí valerme por mí misma y escapar de aquí, aunque sabía que no sería fácil, tenía que intentarlo y ya tenía el plan listo.

Era el día 65 de mi estadía aquí y era el gran día, hoy por fin me escaparía de aquel lugar, estaba esperando que abrieran la puerta para la comida, pero esta vez no sucedió. Ya era de noche cuando de la nada se abre la puerta y entra nada más ni nada menos que mi madre, sí era mi madre, pero estaba muy distinta desde la última vez desde que la vi, se veía más cansada y demacrada, tenía bolsas debajo de los ojos y tenía cara de haber estado llorando, pero a fin de cuentas era mi madre, así es que no esperé ni un segundo más y la abracé y empecé a llorar. Era increíble poder estar al fin con ella, habían sido muchas las noches en las cuales había llorado su ausencia. Cuando ya me recuperé del llanto le dije:

-Mamá, ¿qué haces aquí?

-Bueno,-me respondió ella-es que echaba de menos a mi princesa

-¡Tardaste demasiado!-le grité mientras volvía a ponerme a llorar.

-Más vale tarde que nunca- y me reí ante su comentario, hace tanto tiempo que no lo hacía, se sentía bien.

Luego de escuchar el no tan elaborado plan de mi madre, nos fuimos. Al principio todo estaba bien hasta que al doblar por el pasillo no encontramos con un hombre que nos miró extrañado, pero cuando estaba por lanzarme a atacarlo me di cuenta que era muy tarde, mi madre ya se había lanzado al ataque de este hombre, es inenarrable la manera en que mi madre le pegó; y cuando le iba a pedir que se detuviera, ella solita dejó de pegarle como si nada y siguió caminando por el pasillo. Estaba anonadada, no todos los días se ve a la madre de uno peleando por su vida.

Seguimos corriendo, esto parecía un laberinto, estaba lleno de puertas misteriosas, deduje que sería de una empresa o algo por el estilo, ya que era enorme. Justo cuando estaba empezando a perder la paciencia, mi madre me gritó que abriera una puerta al lado izquierdo, y lo hice, pero en esa pieza estaba lleno de fotos mías y de mis padres, era muy raro que hubieran tantas fotos, eso significa solo una cosa, no me secuestraron al azar, fui elegida, pero ¿Por qué? .

-Linda, sal de ahí aho…-mi madre se quedó sin palabras al ver lo sucedido

-¿Mamá que es esto?-

-Es hora que sepas la verdad: Tu padre toda su vida estuvo involucrado en malos negocios, pero nunca me dijo nada hasta que te raptaron y recién ahí me confesó todo y después me dijo que te habían secuestrado como modo de advertencia. Él tenía que pagar una gran suma de dinero si queríamos que salieras con vida, es por eso que tu padre está en estos momentos negociando tu libertad, para poder ganar tiempo y que podamos escapar.

Me quedé sin palabras, era la hija de un mafioso, y por su culpa yo tuve que pagar, por eso me habían secuestrado, pero ahora que lo pienso todo tiene sentido; Éramos ricos, él no trabajaba mucho, las clases de defensa personal, que viviéramos cerca de todo. Todo encajaba como un rompecabezas.

-Amor, nos tenemos que ir tu padre no podrá ganar más tiempo-me dijo mi madre viendo la hora y salimos corriendo de nuevo.
Cuando llegamos a la supuesta salida, y logramos salir, se sentía genial el poder estar afuera y sentir el viento en mi cara después de haber estado tanto tiempo encerrada, fue una sensación de libertad muy grande, pero no duró mucho, ya que cuando estábamos caminando nos encontramos con dos guardias armados con pistolas, con las cuales nos estaban apuntando directamente. Justo cuando cerré los ojos para pensar en alguna idea oí un disparo…

guns

#Pritica

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