El lápiz BIC

A menudo pienso en cómo serían las cosas si hubiera tomado tal decisión en lugar de la que en realidad tomé. Si es que me hubiera atrevido a subirme a aquella montaña rusa, por ejemplo. O si hubiera reflexionado mejor las palabras que escribí en ese mensaje.

Si hubiera pensado más.

Si fuera menos impulsivo.

“Diablos, soy demasiado impulsivo.” Pienso mientras pateo esa insoportable roca que ha estado mirándome desde que comencé este monólogo imaginario en mi cabeza. Comienzo a preguntarme cómo hubiera sido si es que en lugar de patear la roca, se la hubiera arrojado en la cabeza a aquel transeúnte que caminaba apurado con su paraguas. ¡Qué paraguas más horrendo! Comienzo a preguntarme cuáles habrían sido las consecuencias de eso, y me quedo absorto en eso durante un buen rato, mientras espero a Emilio para que venga a pasarme los paquetes.

La lluvia cae, me moja las manos. Mi abuela siempre decía que tengo manos de pianista. Pero claro, el doctor también me ha dicho que tengo corazón de atleta, y no soy ni atleta ni pianista. La gente dice muchas cosas. La gente habla, y sus voces se escuchan como un interminable murmullo que va creciendo hasta convertirse en un sádico zumbido que si sigue así va a reventarme los tímpanos. Ahí viene la micro. Miren, un drogadicto. ¡A que no supiste, Elvira y Juancho se casan en octubre! ¿Viste el último capítulo del reality? No logro distinguir qué es exactamente lo que dicen, pero de seguro no son más que expresiones vacías y sin sentido, como su existencia… como mi existencia.

-Amigo, ¿Qué haces quieto bajo la lluvia? –Me doy vuelta para ver quien me había hablado, pensando que se trataba de Emilio. –Es inútil, solo lograrás mojarte.

imagen cuento 6El extraño tenía el pelo castaño cortado como un escolar, chaqueta de cuero y un cigarrillo en la mano. Piel morena, ojos marrones y expresión tranquila. Me sobresalté al darme cuenta que el extraño… era como yo.

-¿Qué me miras tanto? –Dijo aquel tipo. –Sé lo que has estado pensando últimamente. Cómo hubieran sido las cosas si es que hubieras tomado otras decisiones.  Probablemente no estarías acá bajo la lluvia esperando a un drogadicto de mala calaña para que venga a pasarte un poco de su mercancía, ¿no?

Asentí con la cabeza, en silencio. Hace dos años jamás hubiera imaginado encontrarme en esta situación, yendo todos los martes a un parque en lo más recóndito de la ciudad para recibir aquella sustancia que me haría huir de la realidad. La realidad… aquel tejido espeso de sensaciones y estímulos que tenía la manía de voltearme como si fuera una tortilla de huevo, una y otra vez, incesablemente. Siento demasiado las cosas. Y veo los colores más vivos de lo que en realidad deberían ser… soy como si dieras vuelta un sobre de jugo en polvo de litro en un vaso de shot. Así de concentrado.  Así de intenso.

-Te vengo a hacer una propuesta. –Dijo el de la chaqueta de cuero. –Pero primero me gustaría saber, Si pudieras cambiar una decisión que tomaste en algún momento de tu vida, ¿Cuál sería?

Fruncí el ceño, extrañado por la pregunta. No todos los días venía un extraño a leerme la mente y a hacer que me replanteara las cosas. Mi abuela una vez me había dicho que pusiera más atención a las cosas que sucedían a mi alrededor, pues no sabía qué o a quienes me estaba enviando Dios, o con qué propósito. ¿Y si se trataba de esto?

-Más fácil. –Dijo el extraño. –Digamos que vas por un camino y te encuentras con una bifurcación de los senderos. Una vez que tomas un sendero no puedes regresar ni volver atrás… pero, ¿Qué pasaría si es que te dan la oportunidad de… volver a elegir el desvío que tomaste? Para eso estoy yo acá.

Me quedé en silencio. Volver a elegir… cambiar mi vida… parecía como sacado de una película de fantasía. Pero no como las de Disney. Esas películas están cargadas de estereotipos y personajes pusilánimes que actúan correctamente todo el tiempo. ¡Nadie actúa correctamente todo el tiempo! ¡No hay héroes! La gente se droga para huir de sus problemas. Yo también lo hago. No hay héroes. Si hubiera héroes…

-¿Y bien?

-Me das un rato… ¿para pensarlo?

-Tómate tu tiempo. –Dijo el extraño.

Voy por un sendero de color azul y me encuentro con una bifurcación del camino… veamos, tengo la oportunidad de cambiar algo. Fui un niño inocente, mis ojos brillaban de alegría cuando se avecinaba la navidad. Tenía la esperanza de conseguir esa bicicleta. Me gustaba escuchar la música en cintas y enrollarlas con el lápiz BIC cuando estas se salían. Diablos, aquel lápiz BIC… se lo presté a Jacinta en aquella prueba de matemáticas el primer semestre de tercero. Me saqué un rojo, rojo como los tomates que venden en la feria, repetí tercero. Pero ella pudo pasar. Pudo amarme. Pudo ayudarme, pero no lo hizo, luego de un tiempo las cosas se enfriaron y ella alegó que yo había cambiado. Que era más irascible. ¡MÁS IRASCIBLE! ¡Qué disparates dices! Yo era el mismo, necesitaba ayuda. Ella comenzó a salir con Joseto. ¿Seguirá teniendo mi lápiz BIC? ¿Y qué pasaría si jamás hubiera prestado el lápiz en aquella prueba? ¿Si jamás hubiera comprado esa cinta de Nirvana para mi cumpleaños número 8? No la habría enrollado con el lápiz BIC. Ella no tendría mi lápiz BIC. Ahí está, todo era culpa de la cinta y el lápiz.imagen cuento 7

-Volvería a mi infancia y no compraría la cinta de Nirvana. –Respondí.

-Bien. –Asintió el extraño. –Ahora te mostraré como hubiesen sido las cosas si no hubieses comprado aquel casette.

Y el extraño puso su mano en mi pecho. Comencé a asustarme. La mano me traspasaba el tórax y me atravesaba el corazón como si nada. Vaya, sí que estaba drogado. Emilio las estaba haciendo demasiado fuertes… y todo se termina.  Me encuentro en una tienda. Miro a mi alrededor, asustado, desconcertado. No sé qué ocurre. ¿Qué hago aquí? Miro a mi lado y me encuentro con aquel extraño, y su sonrisa tan familiar.

-Fíjate en lo que va a ocurrir ahora.

Y como si nada, una madre y su hijo entran a la tienda destilando alegría, como si esta fuera una fragancia de esas que te venden en las propagandas blanco y negro. Blanco y negro, como las fotografías del matrimonio de mis padres… caigo en la cuenta de que la madre, era mi madre.

Yo soy el niño.

-¿Y qué vas a querer de regalo de cumpleaños, Nico?

Claro, ya recuerdo. Este es el momento en que miro con mis ojos de niño la gran cantidad de cintas repartidas por toda la tienda. Es el momento en que mi corazón se hinche de goce ante toda la música ahí reunida, horas y horas de grabaciones de todos los estilos musicales diferentes, pero sobre todo… Rock. Ah, el rock… Siendo un niño no le tomaba el peso a las letras, pero la guitarra eléctrica me provocaba un sentimiento de adrenalina indescriptible, que trepaba por mis venas y me poseía entero, una fruición demasiado increíble. Frescor. Dulzor. Placer. Y como buen niño de los 90´s, había crecido escuchando como mis hermanos mayores escuchaban Nirvana.

En el momento en que mi pequeño yo va a abrir la boca para pedir la preciada cinta de Nirvana, todo se queda quieto. Ni siquiera las paredes se mueven. No hay olores demasiado fuertes. Sólo calma, paz.

-Observa. –Dijo mi acompañante con su voz tranquila. –Haz llegado a la bifurcación de caminos. Ya has elegido uno, y lo que encontraste después no te ha gustado demasiado. Tienes la oportunidad de elegir cualquier otro. Y bien, ¿Qué va a querer el pequeño Nico?

Estábamos en una tienda de música. La gran mayoría de las cosas que había eran casettes, de esos que había que enrollar con el lápiz BIC para que no se salieran las cintas. Pero quería evitar cualquier cosa que tuviera cintas, y sobre todo esos malditos lápices BIC. Pero, ¡miren esa guitarra!

-La guitarra. –Dije casi sin pensar. Y de repente la escena volvió a la vida, el olor a tienda azotó las aletas de mi nariz y el sonido de aquella insoportable balada de los Backstreet Boys volvía a hacerse oír en mi cabeza.

-Mami, ¿puedo llevar la guitarra? –Dice el Nico de 8 años.

Mi madre me dice que es bastante cara. Pero luego de mirarme con ternura, asiente y dice que tendría que compartirla con Pedro. Le tiende un cheque al vendedor y la guitarra ya es mía.

Ahora estoy en mi cuarto nuevamente. ¿Ha sido un sueño? El extraño apostillado en la pared con su infaltable cigarrillo me hace caer en la cuenta de que no. Y la habitación en mis recuerdos no es esta, esta está demasiado ordenada e iluminada. Y tapizada con posters y folletos de distintos conciertos a los que al parecer el dueño de la habitación ha ido.  Porque lo siento, este ya no es mi cuarto. No soy yo quien vive aquí.

-¡Nico, hijo! ¡Te deseo lo mejor en el examen! –Grita mi padre. ¿Mi padre? ¿Qué rayos hacía mi padre viviendo con nosotros? Nunca hubo separación…

imagen cuento 8-Efectivamente, tus padres jamás se separaron. –Sonrió mi acompañante. –Al no haber cinta de Nirvana, tus padres no enloquecieron ante el estridente sonido que esta les causaba, por lo que no comenzaron a pelear. En lugar de eso, aprendiste guitarra clásica, y ahora eres un joven prodigio de 17 años con una beca en Yale para cuando termines cuarto medio.

-¿Becado en el extranjero? –Dije, los ojos casi saliéndoseme de la cara por la incredulidad.

El Nico músico sale del baño, perfumado y bien vestido para un nuevo día escolar. El uniforme está demasiado limpio. Comienzo a desesperarme, pero afortunadamente no puede vernos.Veo como reviso el calendario para cerciorarme de que hoy es el día del gran examen final de tercero… EL EXAMEN. Mi temperatura parece subir unos mil grados cuando recuerdo la sonrisa en la cara de Jacinta cuando le tendí el lápiz, mi único lápiz. Y el examen termina. Y yo no había podido terminarlo. Pero ella sí, y fue ese sacrificio el que lo marcó todo. Un sacrificio sin recompensa, como todos los que hice.

Seguimos a Nico mientras va al colegio (¡En el auto de mi padre!) y entra a la sala de clases. Es igual a la sala de tercero medio de mis recuerdos, con los bancos ordenados de la misma solitaria manera, de uno en uno, para el examen. Y Jacinta está sentada donde mismo, detrás de Gustavo, y tras ella: un banco vacío. Pero Nico ni se inmuta, él sigue de largo y ni siquiera la mira. No se percata de sus ojos verdes. Ni de su mirada inocente, la más inocente que he visto en mi vida. ¡Ja, inocente! El inocente fui yo.  El tiempo pasa más lento mientras los nerviosos adolescentes se esfuerzan por resolver el cuestionario. No entiendo nada. Está muy difícil. Puedo sentir sus pensamientos, y me estresan a mí. Nico responde el cuestionario sin problemas sin prestarle ningún lápiz a nadie y sale tranquilo de la sala. Él y Jacinta ni siquiera se miran…

Y luego había vuelto al parque. Pero no estaba lloviendo.

-¿Quieres saber cómo termina la historia? –Me dice el extraño. –Apruebas el examen, terminas el colegio sin problemas y te conviertes en un reconocido compositor. Fama, lujos y dinero te persiguen por el resto de tu vida. Tus baladas tocan los corazones de miles, y todo eso teniendo tan solo 24 años. Parece una vida perfecta, ¿no?

-Y… ¿Qué sucede con Jacinta? –Dije, y me odié a mí mismo por preocuparme todavía de ella.

-Ah, sabía que preguntarías eso. –Sonrió el extraño. -¿Qué te importa? Jamás la conociste, y jamás lo harás. Sus caminos jamás se cruzan, por lo que la historia que tuvieron no existe. Y estamos hechos de las historias que vivimos, ¿me equivoco?

Y ahí estoy yo, recordándola de nuevo. Los abrazos a la salida de la escuela. Su olor a perfume, los partidos de fútbol. El viento nos azota en los días de verano que pasamos en la playa. Es una bella mañana y las gaviotas alzan el vuelo en dirección al norte. Todo es perfecto. ¿Qué se supone que haces, qué es eso? El viento se vuelve demasiado fuerte. No deberías juntarte con Emilio, no te hace bien. ¿De nuevo fumando? Y el sol se pone tras las olas, intento besarla pero ella no me deja. No es lo mismo. No eres el mismo. Y tres años después estoy solo mirando las estrellas en esa misma playa, rezándole a un Dios en el que creo a medias para que me la devuelva. Porque la amaba. Porque la amo.

-…Sí, todo eso quedará olvidado. –Dijo el chico, y comienzo a darme cuenta que sus rasgos se parecen a los del otro tipo, ese que será un compositor reconocido. -¿No es eso lo que querías? ¿Dejar de sufrir por ella? Siempre te preguntaste qué hubiera pasado si no fueras tan impulsivo… y corrigiendo uno de esos impulsos has cambiado todo el curso de tu vida. ¿Por qué no estás contento?

imagen cuento 10Y ahí es cuando todo se vuelve lúcido de nuevo. No quiero olvidarla. ¿Qué es una comida si es que esta no tiene sal? ¿Cuál es la gracia de una canción si es que esta no te hace sentirte la persona más suertuda del mundo… o la más desdichada? ¿Y qué tiene de divertido una flor en blanco y negro?

¿Qué es la vida sin el sentir?

Jacinta es la persona que más me ha hecho sentir en este mundo, y es gracias a ella que veo los colores así de vivos. No a las drogas. Diablos, sigo atado a ella. Si pudiera, volvería a vivir mil veces los momentos que tuve con ella, aunque todo vuelva a desembocar en esta vida de mierda que tengo ahora. Y es ahí cuando me doy cuenta. No quiero cambiar mi vida.

-Bien, me alegra que pienses así. –Me dice el extraño, y me sonríe. En esa sonrisa me doy cuenta… me doy cuenta de que soy yo. -¿Sabes? Todos podemos renacer de nuestras cenizas. Los errores son algo de lo que nadie se salva, pero la vida de nadie es un error. No sabes para dónde va la corrida, así que… ¿Qué te parece si lo dejamos hasta acá?

Y de repente se puso a llover. Se escuchó el incesante bocineo de las micros y las irritantes y superfluas conversaciones de los peatones que transitaban el lugar. Miro a mi lado. Ya no está… y alguien me toca el hombro.

-Viejo, ¿quieres volar como nunca antes lo has hecho? –Dice Emilio. –Mi proveedor me consiguió una nueva…

-No, esta vez creo que paso. –Le digo yo, y me alejo de ahí, dejando a mi amigo anonadado. Nunca más volví a verlo.

Y en una playa, no muy lejos de ahí, un tipo estuvo llorando toda la noche. Solo. Desdichado. Las lágrimas le impiden ver la belleza en las estrellas de esa noche, pero aún puede oír el ruido de las olas. Y de repente, estas ya no están. No las olas, esas locas siguen ahí, sino las estrellas. Un resplandor rosado surge de lo más recóndito del horizonte, con la noticia de que comienza un nuevo día. Las gaviotas alzan el vuelo.

Y una chica de ojos verdes se acerca caminando con dirección al norte. Al verlo, sonríe, y el tipo que lloraba se seca las lágrimas, y no puede evitar pensar que es la sonrisa más inocente que ha visto en años.

FIN

#Indie

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